Cláusulas contractuales para mitigar los efectos del Brexit

La decisión tomada por la ciudadanía británica en el referendum celebrado para abandonar la Unión Europea ha sido inesperada y ha traído una larga cola de reacciones de todo tipo sobre todo porque ha creado una nueva situación que genera una gran incertidumbre jurídica. Hasta la fecha no está claro cómo y en qué términos se producirá dicha salida y, sobre todo, cuál será el régimen posterior a dicha salida.

Dichos cambios no se producirán de la noche a la mañana y seguramente sean fruto de un largo proceso de adaptación. Es por ello que resulta indispensable que los acuerdos relevantes con entidades o intereses en el Reino Unido prevean esta situación , sobre todo cuando tengan una larga duración. Precisamente serán los acuerdos de larga duración los que más pueden verse afectados porque no hay garantías que las condiciones sobre las que se pactaron unos precios y obligaciones en unas condiciones jurídico-económica pre-Brexit, sean las mismas que en una situación post-Brexit.

Por tanto, hemos decidido comentar brevemente posibles mecanismos contractuales para mitigar los efectos de dicha incertidumbre y reducir los potenciales riesgos. La mayoría de los contratos mercantiles de cierta relevancia económica suelen incorporar cláusulas que regulan los denominados cambios sustanciales (material adverse change) relacionados con modificaciones normativas o cambios bruscos del precio de las materias primas. Las claúsulas Brexit vienen a ser una variación específica de este tipo de cláusulas populares.

Ahora bien, el principal reto al que nos enfrentamos es saber diseñar dichas cláusulas correctamente. ¿Qué será exactamente lo que actuará como resorte para que surtan efecto los términos y condiciones especiales que activaremos?

Las situaciones que queramos preveer pueden ser diversas, pero lo más común será mitigar los riesgos derivados de la posible imposición de nuevos aranceles o impuestos, así como de restricciones para poder vender productos o servicios en el Reino Unido (o en la Unión Europea si operamos desde el Reino Unido). Nos interesará considerar posibles cambios regulatorios, introducción de autorizaciones y licencias especiales para un determinado tipo de actividades. Tampoco convendría perder de vista la posible fluctuación excesiva del par de divisas libra esterlina-euro, especialmente en aquellos casos en los que tengamos una estructura de costes en una divisa y las ventas en otra.

Existen diversas soluciones a la aparíción de uno de los eventos descritos anteriormente. En primer lugar, podríamos definir de antemano qué parte contractual se hará cargo del sobrecoste que produce esa nueva situación o de qué modo se distribuirán dichos costes, pudiendo dar lugar a la compensación de los mismos o simplemente a un incremento de un tanto porciento del producto o servicio. En segundo lugar, podríamos pactar que dicho cambio sea motivo de resolución contractual sin penalización alguna.

Otra posible solución, más consensuada pero menos concreta, es acordar que las partes determinen el alcance de los efectos del cambio operado por el Brexit en su contrato y les otrogue un plazo prudencial para poder alcanzar un nuevo acuerdo en aquellos términos que resulten aceptables para ambas partes.

 

 

 

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